No es tan conocido ni lo ponemos bajo la lupa con tanta frecuencia como el dióxido de carbono (C02), pero el metano (CH4) es uno de esos “enemigos” en forma de gas que —con la mano del hombre mediante— amenazan con cambiar el clima de forma irreversible. Tan relevante es que el informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) le achaca entre el 30 y 50% del aumento de las temperaturas y EEUU y la propia UE se han fijado el objetivo de que en 2030 haya un 30% de emisiones menos que a comienzos de esta década. El reto no es sencillo, pero contamos con un valioso (e inesperado) aliado de nuestro lado: los satélites.