“Durante los días que tengan lugar mis reuniones puedes quedarte a cenar conmigo, con tal de que te abstengas de tus penosas disputas, que se me hacen molestas, así como todas tus quejas sobre este estúpido mundo y la miseria humana, porque todo ello me hace pasar mala noche y tener malos sueños, y a mi me gusta dormir bien”. Era el 13 de diciembre de 1807 y la autora de esas líneas era la madre del famoso filósofo alemán Arthur Schopenhauer. De hecho, la carta se la escribía a él, a su hijo.
Schopenhauer fue (y a la luz de esa carta se ve hasta razonable) uno de los grandes exponentes del antinatalismo; una corriente de pensamiento que, a todas luces, está en boga. Porque aunque es cierto que las posiciones filosóficas, políticas o demográficas contrarias a la reproducción (y, por extensión, el nacimiento de nuevos seres humanos) son muy antiguas, lo cierto es que en los últimos años han experimentado una suerte de revival al calor del decrecimiento y los problemas relacionados con el cambio climático.
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