Tan popular se hizo, que su logo y el sonido de sus intros llegaron a ser dos marcas igual de identificables que las de Nokia o Windows. Si —como quien esto escribe— te tocó pasar por el colegio o el instituto entre la segunda mitad de los años 90 y la primera de los 2000, hablar de la Encarta no requiere grandes presentaciones. Si no es así, no te preocupes; no nos llevará mucho tiempo. Antes de que Wikipedia ofreciese conocimiento online gratis e incluso de que el uso de Internet se popularizase, Microsoft lanzó una enciclopedia digital que revolucionó el sector y se convirtió en todo un fenómeno entre más o menos 1993 y 2009. Su nombre: Encarta.
Hoy, ironías de la historia, “Encarta” es una entrada más en el índice de otras enciclopedias; pero hubo un tiempo en el que transformó nuestra forma de acceder al conocimiento. De tener que dejarse las pestañas y las yemas recorriendo páginas a la caza de un dato, los estudiantes pasaron a buscar información a golpe de “click”. La Encarta ofrecía una forma ágil, cómoda y sobre todo didáctica de saciar la curiosidad. Con artículos, sí; pero también con vídeos, audios e incluso visitas virtuales y juegos. Podías leer sobre templos nepalíes en la Salvat. O abrir la Encarta y “recorrer” uno.