“Tener un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado”, decía la famosa activista animalista H. J. Granger; pero ¿quién no va a temer a un bicho de 13 metros de largo y 9 toneladas de peso? ¿Quién no va a horrorizarse ante esos dientes afilados, esas garras, esa mole de carne y hueso y hambre voraz corriendo a más de 30 kilómetros por hora? En este caso, temer el nombre de Tyrannosaurus rex es una consecuencia directa de lo nombrado: uno de los depredadores más gigantescos de la historia de la Tierra.