Europa depende (y mucho) del gas. Se trata de la segunda fuente de energía primaria del continente y el 90% de lo que consume viene de fuera. Es decir, Europa depende (y mucho) de Rusia. Tanto es así que según el Banco Central Europeo, un recorte del 10% del suministro de gas ruso conllevaría una caída del PIB de la zona euro de en torno a un 0’7%. Por ello, aunque se está intentando cortar sus lazos energéticos con Moscú, la realidad es que no tenemos muchas alternativas a corto plazo.