Internet, déjame olvidar

Internet, déjame olvidar

Yo, ciudadano europeo de vida acomodada, siempre vi a los amish con una superioridad moral aplastante. Pobres ciudadanos ignorantes, que se resisten a las bondades de vivir en nuestra época. Ya son ganas de anclarse en el siglo XVIII, ya son ganas de autolimitarse y perderse diversión y placeres. Hace casi tres años leí en Quartz un titular aún más aplastante que mi superioridad moral: “Los amish comprenden una verdad de las que cambian la vida sobre la tecnología que el resto de nosotros no” (a falta de una mejor traducción, disculpas anticipadas).

En ese artículo contaban que los amish usan al resto de la humanidad como experimento para comprobar a muy largo plazo las implicaciones de cualquier innovación que llegue a nuestras vidas. Y solo si esa innovación resulta inocua para sus principios y valores la terminan asumiendo. Seguí teniendo cero ganas de vivir la vida amish, pero mi superioridad moral quedó como un castillo de naipes tras el impacto de un Boeing.

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