La de Fobos y Marte, como todas las historias de amor (o, al menos, las más bellas), terminará en tragedia. Nos guste o no, la más grande de las Lunas del planeta rojo está condenada a estrellarse contra su superficie en apenas un par de decenas de millones de años. Eso, en términos geoplanetarios, es poco, muy poco, casi un suspiro. Sin embargo, mientras ese final se precipita, la relación entre ambos cuerpos celestes es capaz de darnos imágenes realmente espectaculares.
Sobre todo, cuando interviene un tercero.