En 2011, Rusia se convirtió en un jugador central de la exploración espacial. Proyectos como la ISS dependerían críticamente de su tecnología y numerosas misiones espaciales debían utilizar sus medios e instalaciones para llegar a buen puerto. Moscú lo sabía y lo aprovechó. Durante esta década, muchos proyectos intentaron romper ese monopolio; solo Space X había demostrado poder hacerlo.
Pero una cosa es poder hacerlo y otra, muy distinta, es soportar todo el peso de las misiones tripuladas sobre tus hombros. Hoy era la hora de la verdad y ha sido un éxito.