A principios de 1885, el explorador danés Gustav Holm llegó a la isla de Apusiaajik, en la costa este de Groenlandia. Allí se encontró con Kunit, uno de los 19 habitantes de Umuvik, una pequeña comunidad inuit que aún no habían tenido contacto con los occidentales. Holm, que había hecho ya muchas misiones, había conocido a muchos inuits y, probablemente, Kunit hubiera sido solamente otro más de no ser por tres piezas de madera.
Tres piezas que constituyen uno de los escasos ejemplos de la cartografía táctil que, entre los siglos XVI y XIX, los pueblos árticos usaron para orientarse en la oscuridad y un frío tan afilado no les dejaba quitarse las manoplas. Esas tres piezas de madera representaban con una sorprendente “exactitud y precisión” la costa de Groenlandia.