En los años 60 y 70, en plena Guerra Fría, el apocalipsis parecía estar siempre a la vuelta de la esquina, pero nadie sabía exactamente cuándo podía llegar. Por eso, en 1972 y hartos de cháchara insustancial, un equipo de científicos del MIT decidió tomárselo en serio y analizar el riesgo de colapso civilizatorio. Las noticias no fueron muy buenas.