El primer helicóptero estuvo a punto de nacer en España: así era la alucinante “Libélula Española”

Si el convulso siglo XX no hubiese sacudido España con una guerra fratricida de tres años, hoy la palabra helicóptero tal vez nos sonaría a jerigonza técnica. En su lugar hablaríamos de “libélulas españolas”. Tampoco nos diría gran cosa el nombre de Igor Ivanovich Sikorsky, uno de los “padres” de las aeronaves con rotor modernas. … Leer más

Lo natural era comer sólo carne: por qué el ser humano tardó miles de años en probar los vegetales

Lo natural era comer sólo carne: por qué el ser humano tardó miles de años en probar los vegetales

Durante las últimas décadas, las historias que nos contábamos sobre los primeros humanos eran algo muy parecido a una novela picaresca: unos indefensos primates (sin uñas, sin dientes, sin defensas naturales) que a fuerza de ingenio y trabajo en equipo escalaron a lo más alto del reino animal. Pero, ¿Y si es todo una burda mentira? ¿Y si no es más que una “leyenda rosa” para pensar que, pese a todo, nosotros éramos los buenos de la película? ¿Y si, como dicen estos investigadores de la Universidad de Tel-Aviv, durante los últimos dos millones de años hemos estado en el mismo sitio: en lo más alto de la cadena alimentaria?

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Cómo saber que no vivimos en una simulación de ordenador… si es que podemos saberlo

Cómo saber que no vivimos en una simulación de ordenador... si es que podemos saberlo

No sé si vais a comprenderme bien porque no estoy seguro si la sensación de la que voy a hablar la ha sentido todo el mundo. Supongo que, aparte de las condiciones circunstanciales, deben darse también algunas innatas, genéticas. Supongo que habrá que nacer con la predisposición a sentirse así.

Tienes que estar solo y alejado de cualquier preocupación, de cualquier urgencia cotidiana. En ti ha de reinar una cierta paz, una cierta ataraxia que dirían los griegos. Las circunstancias ambientales también han de acompañar. Vienen mejor los días plomizos. Una pesada atmósfera gris o una insistente lluvia ayudan. El sol no. Quizá por eso los españoles no hemos sido nunca grandes filósofos: tantas horas de insolación no predisponen a la reflexión profunda. Pasear por la ciudad, sentarse en un solitario parque, ensimismarse en el más ordinario de los objetos… Y entonces puede aparecer, puede llegar esa rarísima experiencia: la de irrealidad, la de sentir que el mundo que nos rodea no es real.

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