El mismo día en que la primera bomba nuclear operativa vio la luz, la humanidad entró en lo que se denomina una “ventana de peligro“. Es decir, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, hemos vivido a pocos minutos del fin del mundo. Por supuesto, haber superado la Guerra Fría y sus delirantes ansiedades apocalípticas ha hecho que esa amenaza pierda credibilidad. Pero lo cierto es que hasta que no haya colonias firmemente asentadas más allá de los límites de la Tierra, esa “ventana de peligro” no se cerrará.