En 1908, mientras revisaba el análisis espectroscópico de la cola de un cometa, el astrónomo Daniel Walter Morehouse se dio cuenta de que esta estaba llena de gases tóxicos (como el cianógeno). La publicación del descubrimiento puso los pelos de punta a media humanidad. Sobre todo, porque quedaban apenas dos años para que la Tierra se cruzara con el mayor cometa conocido: el Halley.
Además, pasaba muy cerca. Todos los años, entre el 19 de abril al 28 de mayo, nuestro planeta atraviesa el rastro que ha ido dejando el Halley a su paso durante los últimos millones de años. Es lo que conocemos como las Eta Acuáridas: una lluvia de velocísimas estrellas que tiene su pico este año las madrugadas del 5 y el 6 de mayo. En 1910, nos encontramos con el cometa el 18 de mayo. Nuestros abuelos casi lo podían tocar con la punta de los dedos. Y ahí empezaron los problemas.