El cáncer no es una enfermedad. No, al menos, en la acepción tradicional que le damos a esa palabra. El cáncer es, en realidad, un enorme conjunto de males, dolencias y enfermedades que solo guardan un relativo aire de familia. Por eso es un reto tan terrible, un desafío médico tan desproporcionado. Sobre todo, los peores cánceres.
En el cáncer de recto localmente avanzado, por ejemplo, se necesita sacar la artillería pesada. Su tratamiento habitual requiere no solo la quimioterapia neoadyuvante y la radiación, sino una resección quirúrgica del recto que deja tocado para siempre el sistema digestivo del paciente. Pero ¿y si a partir de ahora nos bastara con un solo fármaco?