Los ingleses del XVII inventaron la máquina de vapor. La eolípila, el primer “motor de vapor”, fue inventada por Herón de Alejandría en el siglo I después de Cristo. Sí, era una esfera rellena de agua que, al calentarla, giraba; pero no es nada arriesgado decir que los científicos romanos tenían la máquina de vapor de Thomas Savery al alcance de la mano. Como lo tuvieron el navarro Jerónimo de Ayanz, Florence Rivault, Taqui ad-Din o Giovanni Branca.
Los ingleses, en todo caso, cogieron todo eso que estaba flotando en el ambiente y le sacaron el máximo partido: la revolución industrial cambió el mundo gracias a ella. Como decía Víctor Hugo, “no hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su momento”. Y eso es importante porque “sin su momento”, las ideas no son nada. ¿Pasa igual con la religión?
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