Durante el siglo XIX, el hambre y la falta de expectativas era tan endémicas en Grecia que muchos se vieron empujados a dedicarse a la pesca de esponjas. Era un negocio lucrativo, sí; pero muy peligroso. Los buceadores tenían que sumergirse en el mar con grandes piedras atadas al cuerpo y desprenderse de ellas cuando se quedaban sin aire (justo antes de ascender a la superficie, cargados de todas las que habían podido recolectar).
Hacia 1869, la introducción de las primeras escafandras disparó la producción, pero también aumentó los riesgos (y las vidas humanas). En la larga historia del desarrollo económico el dinero y la muerte suelen ir de la mano. Los barcos partían del Egeo en Pascua y viajaban al Mediterráneo oriental y al norte de África para volver en otoño. Por eso sabemos que el pecio de Anticitera se encontró pocos días después de la Semana Santa de 1900.
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