Cuando vemos una película el sonido tiene un impacto tan profundo en nuestra experiencia como la imagen. No lo decimos nosotros, aunque lo compartimos: lo defienden Ignacio Royo-Villanova y Xanti Salvador, dos diseñadores de sonido para cine que han ganado el premio Goya por su trabajo en ‘La trinchera infinita’. Disfrutar una buena película en una sala de cine capaz de ofrecernos una imagen y un sonido a la altura puede ser una experiencia muy satisfactoria, pero, desafortunadamente, no es fácil trasladar esa misma experiencia a nuestra casa.
Más allá de la complejidad y el precio que tendría un equipo de cine en casa capaz de ofrecernos una experiencia equiparable a la de una buena sala comercial, algo que la tecnología nos permite conseguir, hay otro problema al que nos enfrentamos muchos usuarios y que a menudo provoca que nuestra experiencia se deteriore cuando vemos nuestras películas y series favoritas: el volumen de los diálogos es sensiblemente más bajo que el de los efectos de sonido y la banda sonora. Y esto provoca que nos veamos obligados a subirlo y bajarlo constantemente mientras vemos la mayor parte de las películas, una tarea incómoda que casi siempre resulta frustrante.