Ya sea por un apocalipsis volcánico, la colisión de un asteroide, el enfriamiento del núcleo terrestre, el crecimiento del sol o el cambio climático, lo más probable es que si queremos seguir vivos como especie tengamos que abandonar nuestro querido planeta. El problema, en fin, es que no tenemos a dónde irnos.
Y es que, una vez descartados los candidatos más cercanos (Marte, el cinturón de asteroides o las lunas de Júpiter), la siguiente opción está a cuatro años luz de nuestro sistema planetario y ni siquiera sabemos si es realmente un sitio habitable o se trata de “ratonera tóxica incompatible con la vida compleja“. La buena noticia es que lo sabremos pronto.
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