Ayer saltaron las alarmas en las agencias meteorológicas de toda Europa: los modelos predictivos empezaban a dibujar un huracán mucho más al norte y mucho más intenso de lo que habíamos visto nunca. Las incertidumbres son enormes, sí; pero, quizá por primera vez, la posibilidad de que un ciclón extratropical “se acerque sobremanera a la península está encima de la mesa”.
No obstante, el alarmismo puede desorientarnos. Los mapas son espectaculares, sí, y el riesgo de que afecte al noroeste de la península no se puede descartar; pero si nos fijamos demasiado en esto, corremos el riesgo de perder de vista lo fundamental: hablamos de un huracán formándose en nuestra latitud, hablamos de que los mecanismos atmosféricos están cambiando y no sabemos con qué nos vamos a encontrar.