Hay muchas formas de llamarlo, y mi preferida es la argentina “clavar el visto”. Una expresión que define a la perfección el sentimiento de desazón que nos provoca un mensaje sin contestar, en especial si es importante, en estos tiempos de comunicaciones digitales. Mucho más precisa que nuestro “dejar en visto” y más elocuente que el ghosting de los anglosajones. Un silencio que pincha, que hiere. Qué poetas de la cotidianidad, estos argentinos.