Nada de lamparitas, ni televisores; ni siquiera con las persianas subidas mientras se filtra la tenue luz de las farolas. Phyllis Zee, jefa de medicina del sueño de la Facultad Feinberg de Medicina de la Universidad Northwestern, y su equipo lo tienen claro: hay que dormir a oscuras. Pero a oscuras de verdad. No hacerlo, según un nuevo estudio, puede acabar dando problemas.