Si una noche de invierno un viajero del tiempo llegara y nos llevara, no sé, a la España de Felipe II, no reconocería a la Península ni la madre que la parió. Hemos cambiado mucho en los últimos 450 años, pero la mayor parte de las veces no somos conscientes de ello. Un buen ejemplo es lo que ocurre con respecto a la flora y a la fauna. Sobre todo, porque una enorme cartografía histórica (recién salida del horno) le acaba de poner nombre y apellidos a las plantas y animales que existían en España menos de un siglo después de la conquista de América.