Filomena supuso un antes y un después en la información meteorológica de los últimos años. A peor, de hecho. Y hay muchos motivos para ello: el mundo empresarial o la prensa, son buenos ejemplos. Pero (como llevamos denunciando nosotros mismos desde la famosa tormenta) un elemento central en este cambio ha sido la irrupción en el debate público de algo que creíamos olvidado: las cabañuelas.
Tal es su dominio del debate público que AEMET tuvo que aclarar algunos puntos sobre ciencia y meteorología, y cómo la suma de ambas deja poco espacio a la superstición.