Sam Long silencia sus dudas en Kona: «He aplastado todos esos fantasmas sobre mí en Ironman»
El triatleta analiza las claves de su Mundial Ironman marcado por el miedo pero que vuelve a alimentar el sueño de convertirse algún día en campeón del mundo.
Sam Long logró una excelente sexta posición en el Mundial Ironman 2026, pero para el estadounidense cruzar la línea de meta de Kona supuso algo parecido a cerrar una etapa. No solo había superado exitosamente una de las pruebas más exigentes y con un número de DNF más elevados del mundo del triatlón, sino que The Big Unit salió de la isla dejando atrás buena parte de las dudas que habían acompañado su relación con la larga distancia. Así lo refleja en su último vídeo en su canal de Youtube.
«Cruzar la meta fue un momento enorme de alegría y euforia», explica el triatleta al recordar sus sensaciones. También algo más, la ruptura con el relato alrededor de su figura como hombre únicamente de 70.3, incapaz de competir al máximo nivel en un Ironman «Es como si hubiera dejado atrás y aplastado todas esas dudas sobre mí mismo y de los medios de comunicación, que decían que soy un desastre en el Ironman y que no puedo hacer el Ironman, que solo soy un tipo de 70.3», recordaba al hacer referencia a las críticas de las que siempre ha sido diana.
«He aplastado todas esas dudas sobre mí mismo y de los medios de comunicación que decían que soy un desastre en el Ironman y que no puedo hacer el Ironman, que solo soy un tipo de 70.3»
«Estuve estoico todo el día, como un guerrero en la batalla», rememora. Una fachada que cayó al atravesar la meta y tomar conciencia de su resultado. «Al cruzar esa línea, te das cuenta de que, joder, acabo de superar incluso mi objetivo más ambicioso», señala. Pero quizá lo más significativo de sus palabras es la renovada esperanza que su resultado le despierta de cara a los próximos años «Me da aún más esperanza en el futuro sobre lo que aún puedo lograr. Espero estar en Kona todos los años durante mucho tiempo y poder seguir persiguiendo este sueño de ser campeón del mundo» admite cargado de confianza.
“DURANTE TODO EL DÍA TUVE MIEDO DE SUFRIR UN BAJÓN”
Buenas sensaciones, una reivindicación de su capacidad para competir en el formato más exigente del triatlón de larga distancia y toda una declaración de intenciones que llega después de descomprimir las emociones de una jornada en la que según relata comenzó a ponerse de cara desde la misma natación donde reconoce que salir a cinco o seis minutos de la cabeza le pareció un «buen escenario» y le permitió tranquilizarse al sentir que «sí, había nadado bien».
Todo antes de un segmento ciclista clave para él y al que admite que llegó con la hoja de ruta muy clara «Sabía la potencia que estaba aplicando y teníamos un plan para la segunda mitad. Y sabía que me daba igual lo que pasara en la primera mitad» pero también con el fantasma del pasado en mayúsculas «Durante todo el día tuve miedo de sufrir un bajón pues hasta ese día me había quedado sin fuerzas en todos mis Ironman».
Tal era su pavor a sufrir un déjà vú que ni siquiera marcando «la potencia más alta que jamás había marcado en las condiciones más duras» y sintiendo «genial» le quitó ese runrún de su cabeza «Aún así seguía teniendo una pequeña duda en mi mente. “Quizá vaya a sufrir un bajón. Probablemente lo sufriré”». Un temor que tomó más fuerza cuando sufrió una especie de calambres en uno de los glúteos pero que no eran tal amenazaron con atenazar su actuación y su juicio. «Tenía miedo de quedarme sin fuerzas, el miedo era enorme», reitera.
Con los pensamientos intrusivos presentes, Long reconoce que tuvo que echar mano de mucha psicología y actuar de inmediato «Intenté relajarme, probé a pedalear de forma ligeramente diferente, pero también pensé: “No me importa si me molesta el glúteo. Tengo que darlo todo”. Y este es el momento decisivo de mi carrera». Situación que superó y ya entonces dio por finalizado cuando comenzó a alcanzar grupos y a adelantar gente.
EL “CLICK” DE LONG
Ese momento cambió por completo su psique «Empecé a sentirme realmente bien, casi sin pérdida de potencia en todo el segmento, muy contante y tenía la mente totalmente despejada, estaba totalmente sereno y pensé: “Vaya, esto es perfecto. Así es exactamente como debería sentirme y es el momento de darlo todo”». A partir de entonces se limitó a seguir la estrategia planeada: darlo todo, recuperar posiciones y recuperar tiempo.
“PODRÍA HABER DADO MÁS DE MI. TUVE DEMASIADO MIEDO” EL MIEDO UNA DE LAS CLAVES DE SU RESULTADO Y SU OTRO GRAN ERROR
Ahora, en retrospectiva, Long reconoce tres certezas. Por un lado, el calor no fue un problema para él y lo atribuye a su training camp sobre el terreno en los meses previos. «En ningún momento pasé calor durante todo el recorrido en bici. Haber estado aquí entrenando durante todo el verano ha dado sus frutos».
En segundo lugar, no se exprimió al 100% sobre la bicicleta y su rendimiento pudo ser todavía mejor «Creemos que me quedé corto. Siento que debería haber dado más de mí y que fui demasiado tímido. Tuve demasiado miedo. Quería darlo todo y asegurarme que tenía un 1 % de energía para la línea de meta».
Por otro y trascendental para la parte final de la carrera, se equivocó en la nutrición «Mi gestión de los hidratos de carbono fue horrible. Debido a lo que sudé, bebí demasiado líquido y acabé consumiendo los hidratos demasiado rápido. Me quedé sin hidratos de carbono a las tres horas de empezar y aún me quedaba otra hora por delante. Así que acabé ingiriendo muchos más carbohidratos de los que quería, lo que me provocó los retortijones en el maratón».
EL SUEÑO CUMPLIDO DE SAM LONG
Un problema que tal y como apunta apareció en la tercera milla de la carrera a pie y se extendió hasta la milla 19, el kilómetro 30. Justo entonces, Long sufrió el segundo gran contratiempo de su Mundial, otro problema físico «A falta de 10 kilómetros se me entumecieron por completo los bíceps, los brazos y los dedos. Ni siquiera los notaba. Así que, en un avituallamiento, cogí unas tijeras y tuve que cortar la costura para liberar mis músculos».
Superadas ambas incidencias, el estadounidense indica que pudo aumentar su ritmo y califica a las últimas cinco millas fueron una locura. «Durante los últimos 10 años pensé en cómo sería correr por la emblemática Queen K. y luego, al hacerlo, bajar corriendo por Palani y llegar a esa recta final… es increíble cruzar la línea de meta sintiéndote tan eufórico».
Pese a ello, admite que el miedo volvió a hacer acto de presencia en forma de desconfianza «Quería disfrutar de la meta, pero no sabía qué estaba pasando detrás y me preocupaba que alguien me alcanzara así que también pensé “No quiero perder una posición”».



