En 2006, 11 años después de que un médico berlinés le diagnosticara la infección por VIH, Timothy Brown se sintió cansado. Inusitadamente cansado. En el hospital, sus médicos identificaron una anemia, primero; y una leucemia, después. Empezó la quimioterapia y, aunque empezó a dar buenos resultados, sus terapeutas empezaron a buscar un posible trasplante de médula ósea.
Un golpe de suerte. Fue entonces cuando Gero Hütter, del hospital Charité de Berlín, encontró el donante perfecto. No solo tenía un perfil bueno de biocompatibilidad, sino que tenía una mutación en el gen de un receptor, llamado CCR5, que el VIH utiliza como gancho para colarse en los linfocitos, las células inmunitarias que infecta. Era algo rarísimo porque solo un 1% de la población del norte de Europa tiene esta mutación y, gracias a ella, es resistente al VIH. Hütter vio la oportunidad de hacer un dos por uno: no solo curar la leucemia, sino también volverlo resistente al virus.