“El mundo le debe a Ucrania su seguridad”. La frase, contundente, sin muchas concesiones a la interpretación, la soltó el ministro de exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, ante la Asamblea General de la ONU el miércoles, horas antes de que las tropas rusas iniciasen su ofensiva militar en la región del Donbás, y aunque tiene mucho de retórica bélica cocinada para los titulares, lo cierto es que algo sí tiene de cierto. Hace 28 años, cuando Putin hacía carrera en las oficinas de Sant Petersburgo, Ucrania, efectivamente, dio un paso que permitió respirar de alivio a medio planeta.
El 5 de diciembre de 1994, el entonces primer ministro ucranio, Leonid Kuchma, firmó el Memorándum sobre Garantías de Seguridad, más conocido como ‘Budapest’ por la ciudad en la que se cerró. El acuerdo, en el que se implicaron también Estados Unidos, Reino Unido y la Federación de Rusia, se puede resumir en dos grandes ideas: las diferentes partes se comprometían a respetar las fronteras y límites de Ucrania, reconociendo su soberanía sobre el territorio; y el ex satélite soviético asumía el compromiso de deshacerse de su armamento nuclear.