En el viejo dialecto de las islas Shetland, ‘krekin’ es aún una palabra prohibida. ‘Krekin’, ‘Krake’, Krajken’… son todas préstamos del término que, en antiguo nórdico, usaban para nombrar los árboles deformes y retorcidos: porque eso era lo que eran para ellos enormes árboles inversos con raíces terribles que surgían del agua buscando algo a lo que agarrarse, algo que destruir.
Desde entonces, desde los textos de Aristóteles o Plinio el Viejo, desde las leyendas nórdicas, desde las descripciones de Francesco Negri o los marinos vascos, hemos estado fascinados por los escurridizos calamares gigantes. Pero hasta ahora nunca habíamos visto cazar a uno de estos monstruos en su hábitat natural.
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