Cada persona es un mundo, y eso también afecta a cómo dormimos. Hay quien duerme más y quien duerme menos, y también gente que madruga y gente a la que se le pegan las sábanas. Estos últimos a menudo son quienes más sufren tratando de adaptarse a los horarios convencionales. Quizá sea una lucha perdida, una derrota escrita en nuestros propios genes.