Hace 8.000 años, lo que hoy llamamos Mar del Norte eran una serie casi infinita de llanuras tranquilas y relativamente fértiles. Aquella tierra conectaba a las islas británicas con la actual Dinamarca, los Países Bajos y parte de la Francia atlántica. Era más que un puente de tierra; era la promesa de una historia del continente completamente distinta. Una promesa que duró hasta que la última glaciación terminó inundando todo lo que ahora conocemos como Doggerland.