Algo está cambiando en la industria del automóvil cuando el último Dodge Charger de la brutal serie SRT es un eléctrico con tubos de escape artificiales. El fin de una era de enormes motores V8, consumos disparados y rugidos broncos. Los gigantes de la industria del deportivo americano han sucumbido al eléctrico, y ya no hay marcha atrás.
Mientras en Europa coqueteábamos en los 70 con modelos como el Renault 5 (el cual tendrá pronto variante eléctrica) y el Ford Fiesta, en Estados Unidos montaban bloques de ocho cilindros en todo deportivo que se pusiera por delante. Gasolina barata, un público con ganas de potencia y varias odas hacia el exceso hicieron que modelos como el Ford Mustang, el Dodge Charger o el Chevrolet Camaro cobraran vida.