La pregunta es más sencilla de lo que parece: ¿Cómo te dormiste anoche? Me refiero exactamente al momento en que pasaste de la vigilia al sueño o, si lo prefieres, a los instantes previos, ¿qué pasó? ¿cómo lo conseguiste? ¿qué sentiste en ese momento? No deja de ser curioso que, pese a que dormimos todos los días, “quedarse dormido” sea un proceso tan desconocido.
Y no solo por los ciudadanos de a pie, sino por los mismos científicos. En la última década, el salto tecnológico de las herramientas de neuroimagen han conseguido acercarnos mucho más a qué ocurre en ese momento enigmático en el que nos sumimos en los dominios de Morfeo.
Y sin embargo, la red sigue llena de “soluciones” para “dormir rápido” que están más cerca de los rituales mágicos y las supersticiones que de cualquier cosa parecida a una técnica conductual y científicamente consistente. ¿Qué nos dice la ciencia sobre todo esto?